Detrás de un político, hay una serie de personas que en su conjunto, debiera blindar al político; asesores, coordinadores y operadores que, sin aparecer en la foto, influyen todos los días en la vida del servicio público. Y es ahí donde comienza una conversación incómoda:
¿Cuántos de los perfiles políticos llegaron por su experiencia y cuántos únicamente por su cercanía con el político en turno?
Yo creo (desde mi corta experiencia con candidatos, diputados y líderes políticos) que a la política le hace falta profesionalizarse y funcionar como una empresa que contrata a los mejores expertos para posicionarse por encima de la competencia en el mercado.
La frase dice que “las personas correctas en el asiento correcto” PERO ESO CASI NO EXISTE EN LA POLÍTICA; en el servicio público esa lógica parece invertirse con frecuencia: primero se reparte el asiento y después se intenta descubrir si quien lo ocupa tiene las capacidades para desempeñarlo. El costo de esa práctica no siempre es visible de inmediato, pero termina reflejándose en decisiones deficientes, instituciones débiles y una ciudadanía cada vez más desconfiada.
En el mundo empresarial existe una premisa sencilla: la confianza abre la puerta, pero las competencias justifican la permanencia. La teoría del capital humano, desarrollada por Gary Becker, sostiene que la preparación, la experiencia y las habilidades generan mejores resultados para cualquier organización. La política no debería ser la excepción. Gobernar también implica administrar talento, seleccionar perfiles y construir equipos capaces de resolver problemas complejos.
para mí, si el político en cuestión, contratara a sus equipo con un cerebro empresarial de gente que lo blinde con su experiencia, le ahorraría muuuuchos problemas al mismo político, pero encima de eso, encontramos un montón de gente que sin una gota de experiencia profesional: coordinan sin sustento.
México incluso cuenta con mecanismos como el Servicio Profesional de Carrera para impulsar la profesionalización de ciertos cargos públicos. Sin embargo, la cultura política sigue privilegiando, en muchos espacios, la lealtad sobre el mérito. La confianza es indispensable en cualquier equipo, pero nunca debería sustituir la preparación. Son cualidades complementarias, no intercambiables.
Tal vez la verdadera rebeldía en la política ya no sea prometer más, sino profesionalizar mejor. Exigir que quienes viven del servicio público acrediten experiencia, resultados y competencias no es un acto de elitismo; es una exigencia mínima de responsabilidad.
Porque al final, las malas decisiones también tienen autores, aunque casi nunca aparezcan en la fotografía.
Y si tú eres de los que entró al servicio público solo por ser amigo del político, te tengo una noticia: TU ERES PARTE DEL TUMOR que si sigue creciendo, se va a convertir en cáncer… pero aún así, te mando un saludo porque sé que comer lo necesitamos todos y que las minifaldas, el lamebotismo y el calentón de silla también funcionan en un mundo que profesionalmente veo estancado.

ALAN ZARISH
LEÓN, GUANAJUATO
Especialista en Campañas Politicas
Asesor del Congreso Local