
En Guanajuato la violencia no aparece por arte de magia. No cae del cielo ni nace sola. Detrás de cada balazo hay una historia, un negocio y una cadena que muchas veces comienza a miles de kilómetros de distancia.
Hace unos días, en la XVI Zona Militar, ubicada en la comunidad de Sarabia, en Villagrán, autoridades estatales y federales destruyeron 83 mil 936 artículos bélicos, entre armas de fuego, cartuchos y explosivos. La acción se realizó en el marco del Día Internacional para la Destrucción de Armas de Fuego y reunió a instituciones como la Secretaría de Seguridad y Paz, la DEFENSA, la Guardia Nacional, la FGR y la Fiscalía General del Estado.
Menos plomo, más barrio: destruir armas también es pelear por la paz
Durante el evento, el secretario de Seguridad y Paz, Juan Mauro González Martínez, dejó claro que esto no es un acto simbólico para la foto. El objetivo es sacar de circulación miles de armas que ya no podrán terminar en las calles ni en manos del crimen. Además, anunció que las campañas de destrucción de armamento llegarán próximamente a más de diez municipios del estado.
Y la neta, este tipo de acciones sí mandan un mensaje: cada arma destruida es una bala menos que puede terminar arrebatándole la vida a alguien.
Pero aquí va la pregunta incómoda: ¿de dónde salen tantas armas?
Precisamente esa conversación también llegó a Villagrán hace unos días con la presentación del libro Balas con Remitente, del periodista Fernando Coca Meneses.
Sin rodeos, el autor explicó que siete de cada diez armas decomisadas en México provienen de fábricas de Estados Unidos. No es un mito ni una teoría conspirativa. Es un problema documentado que demuestra que la violencia en México también tiene responsables fuera de nuestras fronteras.
Según Coca Meneses, cada año ingresan ilegalmente alrededor de 500 mil armas al país y, en las últimas dos décadas, se calcula que han entrado cerca de 10 millones. Esas armas son las que fortalecen a los grupos criminales, protegen rutas del narcotráfico y alimentan el ciclo de violencia que termina afectando a miles de familias.
Como dijo durante la presentación: «Las armas y el fentanilo son dos caras de la misma moneda». Mientras las drogas cruzan hacia el norte, las armas bajan hacia el sur. Es un negocio que beneficia al crimen organizado y que cobra vidas de ambos lados de la frontera.
En el evento participaron los senadores Malú Micher Camarena y Emmanuel Reyes Carmona, además de la alcaldesa de Villagrán, Cinthia Teniente, quienes coincidieron en la importancia de abrir espacios donde la ciudadanía pueda entender las causas reales de la violencia.
Porque sí, destruir armas ayuda. Pero también ayuda informar.
Las pláticas en plazas públicas, las presentaciones de libros y los espacios de diálogo sirven para que la banda entienda que la violencia no se combate solamente con patrullas o retenes. También se combate con información, con participación ciudadana y conociendo quién fabrica las armas, quién las vende, quién las trafica y quién gana con todo este negocio.
En el barrio siempre se dice que para arreglar un problema primero hay que conocer de dónde viene. Y eso aplica perfectamente aquí.
Menos armas circulando significa más oportunidades para que las calles vuelvan a ser de la gente y no del miedo. La paz no se construye de un día para otro, pero cada arma destruida y cada joven informado son pasos que acercan a un Guanajuato donde el ruido más fuerte vuelva a ser el de la vida cotidiana y no el de las balas.